La ausencia del aprendizaje experiencial y el salto de ese aprendizaje al ámbito médico ha arrebatado a las madres la soberanía de sus lactancias.

 

Ayer publicaba un reportaje en De mamás y de papás, de El País, sobre la falta de formación en lactancia materna por parte de muchos profesionales sanitarios y lo que tienen que hacer éstos para conseguir esa formación. La conclusión principal es que se forma quien quiere, o quien puede, y siempre como formación voluntaria. El resto se arregla con lo poco que se estudia durante la carrera universitaria y con su propia experiencia vital. “La lactancia materna es tan compleja, tiene tantos puntos de vista y miradas, incluye tantas realidades que da para mucho más que una asignatura”, me explicaba Alba Padró, IBCLC y coautora de la app de lactancia materna LactApp.

La Estrategia Mundial para la alimentación óptima del lactante y del niño pequeño recomienda iniciar la alimentación al pecho en la primera hora de vida y continuar con lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses de vida y, complementada con otros alimentos, hasta al menos los 2 años de edad.

No son raras las tasas de lactancia materna de nuestro país. Según un informe del Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría, elaborado en 2016, el porcentaje de lactancia materna exclusiva a los 6 meses se situaba en España en torno al 28,5% en el año 2012. Después, cuando se comienza con la alimentación complementaria, se cree que son pocas las lactancias que siguen adelante hasta al menos los dos años. En 2002 la OMS y UNICEF elaboraron la Estrategia Mundial para la alimentación óptima del lactante y del niño pequeño en la que se recomienda iniciar la alimentación al pecho en la primera hora de vida y continuar con lactancia materna exclusiva (LME) durante los primeros 6 meses y, complementada con otros alimentos, hasta al menos los 2 años de edad.

Sin embargo, y pese a los datos que circulan, es muy difícil tener datos exactos de la lactancia materna en España porque no hay un sistema adecuado de monitorización de esta práctica. Ni de las cifras, ni de la propia experiencia de amamantamiento. ¿Por qué dejan las madres de amamantar? ¿Cuántas madres que no iniciaron su lactancia en realidad deseaban haberlo hecho? ¿Cuántas han podido continuar con la lactancia tras incorporarse al trabajo remunerado? ¿Cuántas dejaron de amamantar por una recomendación médica inadecuada?

Hay expertas en lactancia que afirman que casi el 90% de mujeres embarazadas en España quiere dar el pecho. Después, una realidad que pasa por la ausencia de apoyos sociales y familiares, por la falta de formación de muchos profesionales sanitarios y por la ausencia total de políticas que apoyen la crianza y los cuidados. Un combo perfecto para el fracaso o la no continuidad de la lactancia materna. ¿Amamanta entonces quién quiere o quién puede? Difícil respuesta.

 

¿Soberanas de nuestras lactancias?

 

La decisión de amamantar está muy condicionada por las creencias sociales adquiridas a lo largo de nuestra vida y por el apoyo del entorno. Siempre recuerdo que cuando estaba embarazada de seis meses de mi primera hija, una amiga me preguntó si iba a darle el pecho. “Si puedo hacerlo, me gustaría”, dije. Su respuesta a mi afirmación fue lo que salvó mi lactancia: ¿Por qué no vas a poder? Y a mis manos llegó poco después de aquello el famoso libro de ‘Un regalo para toda la vida’, que derribó página a página todos los mitos que yo había construido. También me convenció de que podría hacerlo, algo que siempre le agradeceré a aquel libro. Y a mi amiga.

Hoy, seis años después, sé mucho más de lactancia materna. A lo largo de este tiempo, por mi profesión y por mi interés personal hacia este tema, he conocido muchos recursos –grupos de apoyo a la lactancia, asociaciones para la normalización y divulgación, entidades científicas– y a muchas personas dedicadas en cuerpo y alma a la lactancia materna –asesoras de lactancia, IBLCL, profesionales sanitarios. En estos entornos siempre se dan las mismas historias, las relacionadas con la falta de apoyo, la desinformación o las recomendaciones erróneas. Toda la responsabilidad acaba cayendo sobre nosotras. También la culpabilidad. Y yo siempre me hago las mismas preguntas: ¿somos realmente soberanas de nuestras lactancias? ¿Cuándo ocurrió que la lactancia dio un salto mortal al abismo del entorno médico? Hoy seguimos en caída libre.

“La ausencia del aprendizaje experiencial que aportaba el cuidado de los niños de la familia extensa, unido a la medicalización de la maternidad, en una época en que el conocimiento científico nos ha hecho creer que todo hay que medirlo y controlarlo, ha dado lugar a que las mujeres hayan perdido la confianza en sus propios cuerpos y en su biología. En esta inseguridad ha colaborado el hecho de que las madres actuales, a su vez, no han sido amamantadas, ya que el sector médico hizo creer a sus madres que no tenían leche suficiente o que no era nutritiva, creando una generación entera (la de los años 70) criada con leche artificial. Ese apoyo de las abuelas, a las que convencieron de que no podían amamantar, hubiera sido clave para la confianza de las nuevas madres”, señalaba María José Garrido, doctora en Antropología, con especialización en Etnopediatría y Antropología de la Maternidad y la Infancia, en el reportaje que citaba al principio. Para mí es la reflexión más coherente con respecto a la lactancia materna porque, aunque se han conseguido avances en los últimos años, todavía nos encontramos con trabas para amamantar que vienen de la pérdida de esa soberanía sobre nuestros procesos. También tropezamos una y otra vez con la idea de la liberación: ¿soy más libre que hace 30 años con un biberón o siendo realmente libre de decidir? El feminismo surgido en los 70 que transita por la maternidad debería quizás también reformular un discurso que incluya todas las posibilidades. A todas. Y cambiar la mirada, una que incluya el increíble poder de nuestros cuerpos.

 

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