Pilar Cámara ilumina con ‘Un nido en las clavículas’ el camino de la reconstrucción de la persona que surge tras la maternidad. Porque la maternidad es la inmolación del yo que un día fuimos.

 

La maternidad es la inmolación de la persona que fuimos. “Desde que soy madre todo ha saltado por los aires”, dice Nuria Labari en La mejor madre del mundo. La (re)construcción de la nueva versión no cuenta con un plan integral ni con una hoja de ruta. Estará obligada a una transformación constante. A evolucionar para sobrevivir. A veces transitará por lugares poco luminosos. Otras –muchas–, lo hará totalmente a oscuras, con la sensación de vivir en un absurdo estado de ensayo y error. Conviene entonces tener a mano un atado de velas con el que iluminar el camino. Alumbrarse.

La poesía de Pilar Cámara es esa luz. Una luz tenue, un fulgor, que alumbra sin cegar. Que te acaricia. Que se posa sobre lo bello y lo tierno, pero que no tiene miedo al dolor o a lo irracional. Ya no. Ahora es madre.

 

 

Periodista y poeta, tras la publicación de Rouge (Amargord) en 2013, Pilar se entrega en Un nido en las clavículas (Inventa editores) a un viaje autobiográfico por la muerte y la vida. “Poesía que desde el cuerpo me ha reescrito, con la maternidad como trasfondo”, dice. Una poesía necesaria que define bien la poeta Ana Castro en el prólogo: “Es la poesía que necesitamos para nombrarnos, señalar nuestro cuerpo y construir un futuro brillante de entrañas resplandecientes como libélulas”.

Los poemas de Pilar son luz pero también son un grito silencioso. Una huida de las expectativas. Una esperanza. “Ahora soy madre. Pero crecí siendo hija”, concluye en el poema Canción. Sus miedos son mis miedos. Sus incertidumbres son las mías. Universales. “Tengo miedo a ser mutilada como lo fueron todas las mujeres de mi familia”, dice en Parto.

Un nido en las clavículas es la certeza de esa inmolación que supone la maternidad. “Me he expulsado de mi propio cuerpo, junto a tu cuerpo. / Espero que me tiren a la basura, donde todo es violeta y rojo, húmedo y espeso. Y blando”, dicen los versos de Cuerpo. “El mundo se acaba en el llanto de tu suavidad enajenada. / Soy madre. Soy líquida. / Inhalo y me quemo. / Soy madre. Soy un animal salvaje. / Soy mujer. Y mis pechos están en el centro del universo (Salvaje, página 60)”.

Tenía 32 años cuando me convertí en madre. Aquel verano, antes de que mi yo saltara por los aires, no tenía ni idea de lo que vendría. Supongo que siempre imaginamos todo en función de lo que ya conocemos: huimos de ello o nos aferramos nuestros referentes para no perdernos. He vuelto al otoño de 2013 muchas veces. Pasando de puntillas para no molestar. Me veo asustada. Desbordada por tanto amor y tanta “suavidad enajenada”. Perdida en una huida imposible. Insomne. Ojalá pudiera llevarle a mi yo renacido Un nido en las clavículas.

Pilar Cámara no lo sabe pero también me ha reescrito a mí.

 

 

 

CARACTERÍSTICAS

 

Un nido en las clavículas

Autora: Pilar Cámara

Editorial: Inventa Editores

Primera edición: 21 de septiembre de 2018

ISBN: 978-84-948912-1-2
PVP: 12 €
80 páginas