¿Qué lugar ha ocupado la infancia desde el inicio de la pandemia por coronavirus? ¿Qué efectos ha tenido y tendrá en los niños y niñas? ¿Estamos a la altura de lo que la infancia necesita? ¿Cómo debería ser el mundo después de esta crisis? Cuesta ser optimista.

Desde UNICEF lo han intentado y, aunque advierten de que además de los efectos inmediatos que ha tenido la crisis por COVID-19 en la infancia, no podemos olvidarnos de los efectos secundarios, se han propuesto desde hace meses reimaginar el mundo de la infancia. Primero les preguntaron a sus protagonistas, niñas, niños y adolescentes explicaron cómo imaginaban el mundo que se encontrarían después de la crisis por coronavirus. Y no les faltó creatividad. “Creo que vamos a ser mucho más cariñosos, vamos a valorar mucho más las relaciones con la gente”, decía Yaiza (14 años). Después, animaron a 20 profesionales del mundo del arte, la cultura, la comunicación, la ciencia y la innovación a reimaginar cómo debería ser el mundo para la infancia después de esta crisis. 

Para mí ha sido un regalo formar parte de ese documento. Haber parado en medio de nuestro pequeño caos doméstico para (re)imaginar qué mundo necesita la infancia. Lo hago, claro, desde un lugar privilegiado. Algo que siempre me genera enormes contradicciones: ¿cuántas circunstancias terribles hay a mi alrededor? ¿Cómo atender todas las realidades existentes? ¿Quién piensa en los niños y niñas en los que nadie piensa? Recuerdo que cuando me animaron a participar dije: “No puedo ser optimista”. A lo que me respondieron: “¡Seguro que te vienen deseos muy positivos!”.

En fin, lo hice y ahí queda mi aportación. Ojalá que este documento, que puede descargarse aquí o en la web de la organización, contribuya de alguna forma a que tomemos conciencia sobre la necesidad de un cambio en la mirada de la sociedad hacia la infancia. O que en cierto modo algo sirva de inspiración para empezar a reconstruir las bases de ese mundo más más seguro y más justo que necesitan todas las niñas y los niños.

 

 

 

#Reimaginar una infancia que siempre dejamos a la cola

Pocas preguntas son tan difíciles de responder como ésta: ¿cómo será el mundo para las niñas y los niños en el futuro próximo? No me voy muy lejos. Repaso semana a semana los dos últimos meses y busco qué lugar ha ocupado la infancia en este tren de alta velocidad llamado COVID-19. La encuentro al final, a la cola, arrastrada por la inercia de los demás vagones. Porque en esta crisis, como en tantas otras, los niños y niñas han sido siempre los últimos. Todo saldrá bien. Lo estáis haciendo genial. Os estáis portando fenomenal. Sois nuestro futuro. Las palabras siempre amables, lástima que los hechos nunca estén a la altura. Cuesta mantener el optimismo viendo el traqueteo de ese vagón de cola. Dijeron que ésta sería una oportunidad para ser mejores, para salir de ella abrazando un mundo más justo. ¿Se puede lograr sin una mirada a la infancia? Esta pregunta es más fácil que la primera: creo que es imposible.

Gloria Fuertes decía que para escribir poesía “se hacía niña”. También que “la vida empieza cada día”. Qué sabia era. Ojalá #reimaginar ese mundo convertidos en niños y niñas, aprovechando cada nuevo día como una oportunidad para hacerlo mejor. Para ser mejores con los niños y niñas. Podemos empezar por sus hogares: que los niños y niñas puedan disfrutar más tiempo de sus familias, de unos padres presentes e incondicionales. Padres y madres sin la angustia que produce la incertidumbre, la precariedad, el desempleo, la ausencia de políticas sociales. Podemos seguir por la educación: pensar en qué tipo de espacios educativos necesitan nuestros niños y niñas, qué horarios, qué formatos de aprendizaje. Es el momento de explorar las posibilidades que el conocimiento sobre la educación nos ofrece. Podemos continuar por su necesidad de juego: plantearnos cuánto tiempo pasan los niños y niñas al aire libre. Cuántos palos y cuántas piedras, cuánto barro, cuánto riesgo saludable está a su alcance. A la infancia hay que nutrirla de movimiento y naturaleza. Y, sobre todo, podemos comenzar a escuchar lo que los niños y niñas tienen que decir: qué necesitan, qué desean, qué temen. Paremos el tren, escuchemos qué se dice dentro de ese vagón. Pongámosle en el centro.

 

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